Alto Nono Fundado en 1989 - Primer Torneo de Zona Norte
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El Campeonato Alto Nono
La Fundación y los 10 Primeros Años

1. La Génesis

CAN: Si tuvieras que definir al Campeonato Alto (o “CAN”), ¿que dirías?
MOV: Coincido con lo que dice el encabezado del website: fue el “primer campeonato de fútbol de Zona Norte”, entendido como el primero abierto, el primero organizado en forma seria y profesional (por lo sistemático) por varios tipos que dedicaban una buena parte de su tiempo semanal a la organización del torneo, el primero que contó con un reglamento completo y con fallos de tribunal de disciplina debidamente fundamentados, entre varias otras cosas. En fin, realmente fue el primero en todos esos sentidos.

CAN: ¿Cómo empezó el CAN?
MOV: Antes que nada, hay que recordar el contexto del fútbol amateur a fines de la década del ’80. Si vos querías jugar campeonatos de fútbol de 11 en la zona norte de Buenos Aires, tenías dos opciones: o ibas a tu club (sea CUBA, Náutico San Isidro, Liceo Naval, Jockey, GEBA o el club que fueras socio), o ibas a los muy pocos torneos “privados”, como Macri, Pingüinos o Atalaya (si tenías algún contacto) o el SOIVA, en el bajo San Isidro (donde no era complicado entrar pero la rotación de equipos era altísima porque tarde o temprano te veías envuelto en una gresca y no querías volver más). No quedaba otra porque recordemos que no había tantos countries como ahora (por lo cual no existía el “intercountry” de hoy), ya que todavía no estaba hecha la Panamericana; y el Fútbol 5 todavía no había explotado, eran las épocas en que el paddle estaba de moda. Y los torneos eran muy informales: ni hablar de jueces de línea, ni de veedores, ni de reglamento, ni de informe con la tabla de posiciones, ni mucho menos de fallos del tribunal de disciplina, ni de premios, ni fiestas de fin de año. A lo sumo en CUBA estaba la regla de “2 W.O. out” (pero que no siempre se cumplía) y te aplicaban sanciones bastante duras pero sin demasiadas explicaciones; o en Pingüinos había una tablita de sanciones para expulsados. Todo era muy casero. En ese contexto se fundó el Alto Nono Fútbol Club (o “ANFC”), un equipo fuera de lo común, que nació en una forma muy particular, en una gira de fútbol hecha en Semana Santa de 1988, cuando el equipo viajó a la casa de Pablo Durán, en el pueblo de Nono, en la Provincia de Córdoba. “Nono”, en idioma comechingón quiere decir “pechos de mujer” y se llama así por dos cerros que están detrás del pueblo y tienen esa forma. En el barrio “El Alto” de Nono las familias de Pablo Durán, Martín Moncayo y la mía, todas en un radio de 500 metros, tenían casas de veraneo y con los amigos que habíamos invitado cada verano se armaba el típico partido entre porteños y cordobeses. Un año, algunos compañeros de la Goethe del Tano Moncayo nos fueron llamando muy formalmente por teléfono y nos decían “te estoy llamando porque queremos formar un equipo en serio en estos días de Semana Santa, para que cuando volvamos nos anotemos en campeonatos, con referis y todo”. Sonaba muy sofisticado y efectivamente lo era porque, como te decía, los torneos eran muy pocos. Así fue, volvimos y nos anotamos al poco tiempo en el SOIVA, el único torneo que estaba a mano, bajo el nombre de Alto Nono FC. Nos fue muy bien, pero rápidamente nos dimos cuenta que por mil razones no era el campeonato que queríamos para el futuro del equipo, es más era exactamente lo opuesto de lo que queríamos: impuntualidades eternas, referis que faltaban, jugadores violentos, algunos que jugaban en musculosa o en zapatillas, ni hablar del número en la espalda, con lo cual imaginate el despelote que tenía el referi... La verdad que el CAN le debe mucho al SOIVA, porque de éste aprendimos todo lo que no queríamos para un campeonato de fútbol! (risas).

CAN: ¿Y ahí nomás fundaron el CAN?
MOV: Todavía no. En el ´89 tratamos de clasificar para el torneo de Atalaya. Fuimos con todas las pilas pero no fue suficiente: en una definición por penales no atajé el último penal, la pelota me rozó las manos, y nos tuvimos que ir silbando bajito. “¿Qué hacemos ahora?”, nos preguntamos entre todos. Al SOIVA nos habíamos jurado no volver, era condenar al equipo a su desaparición. ¿Y si hacemos un torneo nosotros? No parecía el momento, uno que no tenía tiempo, otro que le parecía incompatible con jugar el torneo, yo pensaba que no podía por estar estudiando dos carreras, etc. No era el momento. Pero sí se nos ocurrió proponérselo a Sebastián Zajdman (que estaba fundando Prófugos) y decirle que de verdad lo íbamos a apoyar. Sebas se juntó con Miguel Devoto en el proyecto, se reservaron las canchas del Parque Reconquista (Panamericana y Buen Ayre), nosotros ayudamos a llamar alguno que otro equipo de nuestro lado y en total se consiguieron 8 equipos, entre los cuales estaban Tagovias, Perdonpelé y, obviamente, ANFC y Prófugos. La verdad es que el esfuerzo que hicieron Sebas y Miguel fue digno de reconocimiento (sí, 20 años tarde, pero se los reconocemos al fin!). Acordate que no había celulares, ni e-mail, ni fax, ni computadoras personales y que las telefónicas todavía no habían sido privatizadas por lo cual te podía pasar que un par de días no enganchabas con la característica “22” de Retiro y te quedabas sin avisar de un cambio de horario o que se había suspendido, por lo cual tenías que ir a avisarle personalmente. Uno se olvida pero era tal cual, un desbole. Para colmo, explotó la hiperinflación ¡con 160% mensual en un solo mes! Te llamaba Sebas un martes y te decía “este sábado en vez de 200.000 australes, llevá 350.000 porque me aumentaron los referis”. Y el jueves te llamaba Miguel para decirte: “En vez de los 350.000 australes que te dijo Sebas anteayer lleven 600.000 australes porque nos aumentaron las canchas”. Era de locos, imposible de organizar. Para colmo, de vez en cuando los referis se pegaban un faltazo y ahí saltaban Miguel y Sebas a dirigir.... Pobres tipos... Me acuerdo que una vez me dio tanta lástima que me ofrecí de linesman y fue muy eficaz lo mío porque dejaron de insultarlo a Miguel... ¡para pasar a insultarme a mí! Ahí me di cuenta que la elección de la liga de referis es una parte esencial y que lo más importante de los referis no es que dirijan bien ¡sino que no falten! (risas). Como no podía ser de otra manera, a fin de año los dos no querían saber nada de seguir organizando, Sebas estaba por irse a estudiar afuera y la renuncia fue indeclinable.

CAN: ¿Y entonces?
MOV: Y ahí nos mirábamos entre nosotros y mirábamos a los otros equipos: en Tagovias, ya Trevor tenía sus despelotes históricos para organizar su propio equipo como para meterse en organizar el torneo; en Perdonpelé ya muchos eran mayores de 25 (eran re-grandes) y estaban siendo acosados por sus respectivas novias para casarse todos juntos y tener miles de hijos. No quedaba otra: nos tocaba a nosotros. Si no organizábamos el torneo, el equipo estaba condenado a jugar amistosos eternamente y algún día desaparecer. Así, el CAN nació por pura necesidad nuestra. Pero el día que nos convencimos que no quedaba otra, ese día también nos convencimos que íbamos a hacer un torneo de puta madre (dicho en castizo), el mejor de todos, que por otra parte no eran muchos, así que no había tanto mérito. Y todo esto por una sola razón: porque queríamos el mejor torneo para que jugara nuestro equipo. Sí, así nomás, la primera semilla fue bien egoísta. A esa altura nuestro equipo era la organización llevada a su máxima expresión: nos autollamábamos “socios” del ANFC, cada uno pagaba una cuota, teníamos un estatuto que se cumplía a rajatabla, un mecanismo de nominación de nuevos socios, cada uno ejercía un cargo distinto. Además de capitán y subcapitán, estaba el tribunal de disciplina interno, el tesorero, el que escribía las crónicas de cada partido, el que organizaba las giras y partidos, el que hacía los llamados telefónicos, etc. Entrenábamos con el “Vasco” Iturrieta, un DT que alternaba en distintos equipos de primera “B” en ese entonces. Organizamos varias giras, además de dos a Nono, una gira a Chile donde jugamos con los juveniles de la “U”, con intercambio de banderines, aparición en los diarios y todo. Era una cuestión de trasladar nuestra organización interna a la de un torneo, lo cual no digo que era fácil pero por lo menos había un buen punto de partida. Y teníamos bien en claro que necesitábamos un torneo que fuera acorde a nuestro equipo.

CAN: ¿Y como fue el “click” de pasar de organizar un equipo a un torneo?
MOV: Teóricamente debió ser algo natural, ya que -como te decía- éramos muy organizados, había algunos buenos equipos del torneo del año anterior y sabíamos muy bien qué tipo de torneo queríamos. Pero el contexto era terrible, uno se olvida pero no sé cómo vivíamos. La inflación rondaba 20 o 30% mensual (repito, mensual), se estaba gestando una segunda hiperinflación, era imposible firmar un contrato en estas condiciones, por ejemplo con las canchas o los árbitros. Finalmente nos arriesgamos en febrero del ’90 con el Don Bosco por el período abril-noviembre, a razón de U$S8 el partido, lo cual era mucho, pero podía ser una enormidad si se desataba otra hiper (recordemos que un jubilado llegó a ganar U$S14 en el peor momento de la primera hiperinflación). Y en este sentido todos los de ANFC nos habíamos comprometido en una reunión en lo de Gustavo di Luzio a sufrir las consecuencias si los eventuales mayores costos si no los podíamos trasladar a los demás equipos. Me acuerdo que los primeros meses nos costaba dormir por el compromiso asumido, hay que pensar que teníamos 22 o 23 años. Pero la suerte nos ayudó y a los 3 meses de firmado el contrato, U$S8 pasó de ser mucho a una suma muy accesible. Más allá de ese terrible contexto, nuestra calidad de organizadores en algunos aspectos la ejercíamos pensando como jugadores. Así, la cancha no la mirábamos como organizadores sino como jugadores (ej. cuán lejos nos queda, cómo es el ambiente, en qué condiciones estaba, etc); los equipos que seleccionábamos lo hacíamos con el criterio de “¿nos gustaría enfrentar a este equipo?”; y si la respuesta era “no”, ejercíamos el derecho de admisión. Los hacíamos jugar 3 partidos cortos en la clasificación, para verlos en situación de ganar y de perder. En los primeros años, cada equipo era visto al menos por 3 o 4 de nosotros. Y cuando un equipo ganaba pero teníamos la mínima sospecha sobre su perfil, le devolvíamos la guita y punto. Fácil decirlo pero recuerdo varios casos muy jorobados. Recordá que nosotros éramos muy pendex y teníamos que decirles a algunos tipos de más de 30 años que “por ejercicio del derecho de admisión que te anticipamos en la reunión del lunes pasado, acá te devolvemos la plata de la clasificación y disculpá la molestia”. Recuerdo dos casos que nos costó mucho dar una explicación porque eran equipos que no habían tenido ningún problema en la clasificación pero era simple “feeling” de que el equipo no tenía nada que ver con el espíritu que le queríamos dar al torneo. Y ya habíamos aprendido en el SOIVA que los equipos que te pudren el torneo no son ni 5 ni 10, son apenas 2 o 3, y no podíamos tener ningún riesgo de manzana podrida. Algunos se quedaron muy mal y la verdad que nosotros también nos quedábamos con un cargo de conciencia enorme, pero éramos muy fríos en la toma de decisiones. Si yo lo llamaba a Quique Nolting, a quien conocía de la facultad, o a Quique Isola, a quien conocía del secundario, para convencerlos que se armaran su equipo y que nuestro torneo era excelente, ¿con qué cara los iba a mirar si en la segunda fecha un equipo que los cagaba a palos? Queríamos equipos con sana pica entre ellos y con la misma onda y espíritu, y si con un equipo de la clasificación teníamos la mínima sospecha que no iba a andar... tomábamos la decisión y punto.

CAN: ¿Cuáles fueron los principios básicos en que fundaron el torneo?
MOV: Había 5 principios fundamentales y en este orden: 1) allá lejos, bien arriba, un reglamento muy completo, con reglas claras, justas, cumplibles y acordes a un torneo amateur serio, 2) calidad humana de los equipos, con la mejor y similar onda; 3) fallos del tribunal de disciplina justos y equitativos; 4) referis responsables que –primero- no faltaran nunca y –segundo- se equivocaran lo menos posible, y 5) organizadores que cumplieran el reglamento sin excepciones y que tuvieran una comunicación tan seria como fluida con los equipos. Luego venía la cancha (que obviamente es importante pero la historia nos demostró que no es lo más), los premios y todos los intangibles que pudieras agregarle. Al principio no nos importaba tanto el nivel futbolístico porque el hecho que los equipos sean competitivos te lo da naturalmente el tiempo, por efecto de las clasificaciones y el sistema de descensos. Sí nos importaba mucho la calidad humana. Por eso, los 5 principios fundamentales eran aquéllos. Y un principio común: la pasión, llevada al límite de la exageración. Sobretodo al principio, cuando el torneo era totalmente desconocido y donde la gente todavía no sabía quiénes éramos o cómo éramos organizando. Sentíamos que por falta de historia, no podíamos equivocarnos y que debíamos hacer todo lo más cercano a la perfección posible, obviamente tomando en cuenta que era un torneo amateur.

CAN: ¿Cómo compatibilizaban el ser jugadores y organizadores al mismo tiempo?
MOV: Con mucho, pero mucho sentimiento de culpa. Primero en materia deportiva, era difícil. Algunas veces a algunos jugadores contrarios se les escapaba algún comentario irónico cuando nos daban un penal a favor o no les daban uno en contra nuestro. Fueron pocas veces porque sabían que lo organizábamos con buena onda y la mayoría eran amigos o conocidos. Pero aunque era natural, nos jorobaba un poco. Con los árbitros no sentíamos que nos beneficiaban, pero tampoco recordamos que nos hayan tirado alguna vez al bombo, como alguna vez te puede pasar. En fin, éramos una especie de Arsenal (el equipo de Grondona) hoy en primera, con la diferencia que nosotros nunca salimos campeones, así que para muestra de imparcialidad vale un botón! Y después teníamos mucho sentimiento de culpa con lo económico. No nos gustaba eso de lucrar con la plata de nuestros amigos y conocidos. Me dirás que nuestros amigos que trabajaban de disc-jockey o fotógrafos lo hacían y no había drama pero a nosotros no nos daba, quizás porque organizar un torneo no era tan común. No me preguntes por qué. Por lo cual, lo que cobraba cada uno de nosotros haciendo de veedores u organizando era mínimo, una suerte de “nosotros les organizamos el torneo, pero Uds nos pagan la salida del fin de semana y jugamos gratis nuestro torneo” y con eso estaba bien. Y todo lo que sobraba a fin de año iba a parar a los premios y la Fiesta de Fin de Año, ambos totalmente desproporcionados a lo chico que era el torneo en aquellos años.

CAN: ¿Quiénes fueron los organizadores originarios?
MOV: Al principio los trece “socios” del ANFC. Teníamos las funciones divididas como en el equipo y nos turnábamos para hacer de veedores. Pero fue totalmente ilusorio. A los tres meses se vio fácilmente quiénes tenían vocación para organizar, quiénes querían ser sólo veedores y quiénes no querían hacer nada, y quedamos 7: Pepe Coll, Juan Manuel “el Negro” González Bueno, José Pandolfini, Pancho Macías, Gustavo di Luzio, Pablo Durán y yo. Esos fuimos los organizadores de 1990 en el Don Bosco. Luego cuando nos mudamos al Tigre, se sumaron los hermanos Gassiebayle, Carlos (La Yunke) y Matías (Perdonpelé) que se ocupaban de todo lo relativo a la cancha (la empresa de la familia era dueña del terreno en que jugábamos y que a los 4 años se transformaría en un country). Mientras en el Don Bosco un veedor era suficiente, en el Tigre había dos canchas y nos teníamos que ocupar de algunos temas de infraestructura (ej. agua potable, redes, baño, etc), por lo cual eran necesarios 3 veedores, 2 de los cuales no debían ser de ANFC (porque si no cuando el equipo jugaba no había veedores). Allí apareció Daniel Coll, el hermano menor de Pepe y que no jugaba en el equipo, y también el cuñado de uno y el primo de otro. El grupo de organizadores se siguió reduciendo y ya en 1992 del grupo de los de ANFC quedamos sólo los 4 que organizamos el torneo por casi 8 años más: Pepe Coll, Juan Manuel “el Negro” González Bueno, José Pandolfini y yo. Más Daniel Coll que poco a poco se fue convirtiendo en una suerte de “quinto organizador”, una especie de Chester Thompson en Genesis. Pepe era quien hacía todo el trabajo que no se veía, pasaba horas y días ante la computadora con los informes, llevaba las cuentas, ponía cordura, era una parte esencial. Juan Manuel se ocupaba de los fallos del Tribunal de Disciplina, que no sólo abarcaba redactarlos sino también hacer las respectivas averiguaciones de cómo habían sido los hechos, lo cual llevaba su tiempo; y también de la No-News. José era quien se ocupaba de los veedores y era infaltable los fines de semana. Con una personalidad muy tranquila, ponía calma fuera de la cancha con los exaltados. Y yo me ocupaba de la relación con los árbitros, de la No-News y de la coordinación general, y era quizás la cara más visible entre los organizadores. Cada uno de nosotros tenía asignados distintos equipos para llamarlos y comunicarles lo que fuera. Y Daniel, además de veedor, se ocupaba de la repartija de los informes de los capitanes, que por aquellas épocas se hacía “vía mano”. Lo que son las vueltas de la vida, esto los inspiró en aquellos años a los hermanos Coll a ponerse una mensajería que se llamaba “Sure Xpress”, con la cual les fue muy bien por varios años y a la cual fueron a parar todos los informes de los capitanes y sub-capitanes de los 12 y luego 24 equipos, hasta que se generalizó el uso del fax y luego el email. Daniel siguió incorporando más responsabilidades, a medida que los 4 fuimos dejando la organización. Primero en el ´97 José Pandolfini (que se fue al interior), luego en el ’98 Pepe Coll (que se fue a EEUU), al año siguiente el Negro González Bueno (que como dejó de jugar en ANFC, ya no tenía incentivos para organizar), y finalmente yo (a fines del ‘99, cuando me fui a Boston). Así, a medida que nos íbamos retirando, Daniel Coll iba asumiendo las funciones que los otros dejaban y se fue rodeando de un buen grupo de colaboradores. La verdad que Daniel era y es el organizador ideal ya que mamó el espíritu del torneo prácticamente desde el principio, pero sin nuestra obsesión por lo cual el torneo se hizo más “razonable”, no tan rígido, no tan estructurado y fue heredando como organizador un torneo que ya contaba con su “historia” y su “marca”. Tenía y tiene excelente onda con los equipos, con los veedores, con los árbitros, nunca tuvo problemas con nadie y siempre ha manejado todo con suma responsabilidad y tranquilidad. Pero claro los equipos eran cada vez más y Daniel no podía hacer todo, y allí fue cuando en 2002 (yo ya como “off counsel”) le sugerí a Daniel incorporarlo a Martín Bobes, a quien conocíamos desde hacía 10 años por jugar en Kelonios, sabíamos de su vocación por organizar (estaba metido en el torneo de CUBA, en el de ex alumnos de su colegio, etc) y era el hincha número 1 del CAN. Martín tenía una personalidad muy extrovertida y bastante distinta a la nuestra, pero compartía los mismos valores. Y no nos equivocamos. Martín supo darle un vuelco innovador al torneo y junto con Daniel hicieron un torneo mucho más competitivo y desestructurado, aunque con el mismo espíritu de siempre. Y después está muy bueno que entre los demás organizadores y veedores actuales estén Gastón Coll (el hermano más chico de Pepe y Daniel) y Federico Olivero (sobrino mío, hermano de Francisco, quien también supo ser veedor unos años), quienes dieron sus primeros pasos entre planillas, informes y premios del torneo y siguieron creciendo escuchando nuestras charlas y discusiones sobre el Campeonato Alto Nono de toda la vida, por lo cual no hace falta que les expliques nada.

2. Historia de las Canchas

CAN: ¿Contame cuáles fueron las distintas canchas en que se jugó el Torneo y qué era lo bueno y malo de cada uno de esos predios?
MOV: En el ´89 (bajo la dirección de Miguel Devoto y Sebastián Zajdman) se jugó en el Reconquista. Recién se inauguraba, era un descampado total, muy poca gente, pero las canchas estaban buenas. Era un buen lugar. En el ´90 (primer año bajo nuestra organización) lo jugamos en el Don Bosco, donde hoy hay como 6 canchas de fútbol 5 y en aquella época había una sola de 11. Eran 10 equipos, así que había 5 turnos (4 el sábado, el último con iluminación artificial, el quinto el domingo). Tenía algunas cosas buenas y algunas contras. La ubicación era privilegiada: jugar a dos cuadras de Panamericana y Márquez no existía, era extraordinario. Al principio tenía muy buen pasto pero luego se ponía muy baqueteada, es que le daban todo el año... Y después tenía algunos detalles pintorescos. Si la pelota se iba a la calle por detrás de una construcción que había y el veedor tardaba más de 12 segundos en correr hasta la calle, nos afanaban la pelota. Era infalible. Otro: recuerdo que en el primer partido de cada fin de semana venía un cura, juntaba a todos en el círculo central y decía una oración y un par de palabras, no más de dos minutos. Un día me senté a analizar los expulsados y amonestados y el primer partido tenía por lejos el mejor índice de fair play, no sé si por efecto del cura o porque estarían todos medios dormidos (risas) pero era muy notoria la diferencia. Pero como en el Don Bosco había una sola cancha, y queríamos aumentar a 12 equipos y nadie quería jugar el domingo, nos mudamos al año siguiente.

CAN: ¿Y a dónde se mudaron?
MOV: Al Tigre, a Rincón de Milberg, donde hoy hay un country. Resulta que se acercaron los hermanos Gassiebayle, a quienes no conocíamos tanto, sólo a Matías un poco pero no a Carlos (Matías jugaba en Perdonpelé, Carlos entraría con su equipo, La Yunque). Nos contaron que la empresa de su familia tenía unos terrenos muy buenos en Tigre y que podían adaptarse para hacer dos canchas, pero que tuviéramos en cuenta que en el plazo de 4 o 5 años tenían intención de hacer un country. Matías y Carlos se incorporaron ese año ’91 a la organización y se ocupaban de todo lo relativo a las canchas, pero también participaban en lo demás. Teníamos nuestras dudas de incorporarlos porque el año anterior habíamos tenido algunas que otras discusiones naturales entre los organizadores, pero Matías y Carlos eran dos caballeros, ningún problema y todo anduvo fantástico. Cómo cambiaron los tiempos... vos sabés que teníamos dudas de si la gente se iba a ir “tan lejos” (no estaba hecha la actual Panamericana, eran 15 minutos más que al Don Bosco), pero no se perdió ningún equipo en el camino, todos se re-inscribieron y ahí pensamos: “bueno, tan mal no lo habremos organizado entonces”.

CAN: ¿Qué tenía de bueno y malo el Tigre?
MOV: Empiezo por lo malo, porque era muy poco y vale la pena destacar más lo bueno. Lo peor era el drenaje de las canchas.... cómo sufríamos.... Llovía un martes y cuando ibas el viernes a la tarde estaba la misma agua que había caído tres días antes, ahí delante tuyo, sobretodo en invierno. ¿Cómo explicar que suspendías porque hacía 4 días habían llovido no más de 20 mm?. Imposible, nos comíamos cada insulto... Y después, las instalaciones eran bastante precarias, el baño no siempre funcionaba, había tipos que iban con sus novias y nos daba vergüenza ajena (bah... vergüenza propia) decirles que fueran a ese “baño”; pero claro, en 4 o 5 años iba a volar todo para hacer el country por lo cual no había forma de mejorarlo y pensá que en materia de recursos había sólo 12 equipos y después se aumentaron a 24. No eran tantos. Y como no había agua potable, teníamos que cargar y llevar bidones desde nuestras casas, que eran distintos a los de agua para refrescarse. Ni te cuento cómo insultábamos al que se equivocaba de bidón… Pero todo el resto era excelente. Empezando por decir que fue el único predio exclusivo para el CAN y eso no tiene precio. ¿Sabés el placer de llegar al lugar, con linda arboleda, arroyito al fondo, y ver que sólo está la gente de tu campeonato? La gente dejaba su auto abierto, el bolso en cualquier parte, etc. Era un lugar que te invitaba a quedarte, a hacer sociales. Muchas veces veíamos venir a las 12:30 hs por ejemplo a Fulano y Mengano de tal equipo y nosotros preocupados diciendo “che, se confundieron, ¡si juegan a las 16 hs!” y te contestaban “ya sabemos, vinimos a ver todos los partidos anteriores”. Ese entorno era extraordinario, lo recuerdo con una nostalgia muy grande porque creo que es donde se forjó el CAN, donde el Torneo se hizo fuerte y cobró su identidad. Era la época en que empezaron las sanas rivalidades o picas; la época en que todos los equipos rondaban entre los 20 y 26 años, casi todos sin responsabilidades (los que laburaban, recién empezaban; y había pocos casados y muy pocos con hijos), por lo cual la mayoría estaba al dope; no te exagero si te digo que más del 50% de la gente que iba al Tigre pasaba allí entre 4 y 5 horas, mucho más que las 2 horas de su partido. Era también las épocas en que aparecieron los grandes equipos del Torneo, como Milan, Chavalongo, Pincharratas, etc. Y otros equipos no tan buenos futbolísticamente pero con mucha historia, como el Defe. Y otros que no aportaban tanto fútbol ni historia pero que eran bastante calientes como Estación Boulogne, Compadres, o Sporting Zorzal y había cierta pica, cierta “mirada de reojo” contra ellos por parte de algunos equipos. Fueron las épocas en que apareció la No News; los años del bar de Beba (choripan y coca). Las épocas en que iban Valeria Mazza y Florencia Raggi cada fin de semana. Las épocas en que incluso un año organizábamos un entrenamiento los miércoles a la noche con DT y preparador físico profesional para todo aquel jugador del Torneo que quisiera. También fue la época en las que para mí fueron las mejores Fiestas de Entrega de Premios, tanto en Bishop, como después en Puerto Pirata. Fueron las épocas en que hacíamos las reuniones de capitanes a principios y a fin de cada año, en la casa de mis viejos, en Azcuénaga. En fin, si te tomo los 10 primeros años del CAN, los 4 años que estuvimos en el Tigre, me parecieron los mejores, quizás porque los identifico con aquellos en que los organizadores originales estábamos con todas las pilas, con más tiempo, no sé si el resto lo veía igual. Durante los primeros 5 años (incluyendo el del Don Bosco) no hubo ningún equipo que se fue por voluntad propia. Y tampoco te hablo por estos últimos 10 porque prácticamente dejé de ir al CAN, y por lo que todo el mundo me cuenta anda espectacular, incluso en algunos aspectos mejor que en nuestra época. Pero en fin, un día aparecieron los Gassiebayle y nos dijeron: “¿se acuerdan que al principio les dijimos que íbamos a hacer un country en 4 o 5 años? bueno, pasaron los 4 años...”. Y nos fuimos agradecidos a ellos y con toda la lástima del mundo. Aún con sus defectos, el Tigre era un lugar extraordinario, del que guardo el mejor de los recuerdos. Y me imagino que a varios les debe pasar lo mismo...

CAN: ¿Y allí se fueron al Parque San Martín?
MOV: Exactamente, en el Camino del Buen Ayre y Debenedetti. Visto a la distancia, aunque estuvimos 3 largos años, veo el San Martín como el lugar de transición entre Tigre y Los Molinos, pero no es un lugar que me despierte tanta nostalgia como Tigre. El lugar no era lejos, incluso estaba a 5 o 10 minutos más cerca que el Tigre. Y, otra vez, no se perdió ningún equipo en el camino. Las canchas no eran malas, la 1 era claramente superior a las del Tigre, la 2 más o menos, depende de la época. Después había una tercera que jugábamos a veces y era pésima. Pero lo que perdimos fue el entorno y la intimidad del Tigre. En ese sentido era el día y la noche, el San Martín era prácticamente un parque público, aunque llamaba la atención que, no sé por qué, no había gran cantidad de gente ajena al CAN. Eso sí, algunos que osaron ir al vestuario salieron literalmente en bolas porque mientras se duchaban le afanaban el bolso... En fin, tenías que ser cuidadoso. El balance creo que era positivo pero no era un lugar para que el CAN pasara el resto de sus años.

CAN: ¿Y de allí se mudaron al campo de deportes del Colegio Los Molinos?
Así es, vino Fernando Moroni de Perdonpelé, otro caballero, y ya para entonces nos conocíamos mucho por los casi 10 años de jugar en el CAN. Y por su relación de exalumno y padre de alumnos del Colegio, nos hizo el contacto, bah... prácticamente me dio la sensación que del lado del Colegio el que tomó la decisión fue él. Fue un desembarco muy natural. El Colegio andaba buscando solventar gastos cuando el campo de deportes era casi un descampado, con casi nada de gente comparada a lo que es hoy. Fernando estaba seguro que la gente que jugaba el CAN no lo iba a dejar mal frente al Colegio. Por lo que fue todo muy fácil. Si bien formalmente Fernando no se incorporó a la organización, desde que era el nexo con Los Molinos era de facto un organizador más y su voz nos importaba más allá de las cuestiones con la cancha. Allí perdimos en distancia, la verdad es que queda lejos, 50 minutos del Centro con suerte, pero la gente se acostumbró con el tiempo a jugar a 50 o más km. Pero en todo el resto fue claramente positivo. En primer lugar, las canchas fueron por lejos las mejores de los 5 predios en que habíamos jugado. Las instalaciones año a año fueron mejorando. El bar era aceptable y también cada año estaba mejor. Si bien luego la gente que no era del CAN se iba incrementando sustancialmente, la calidad humana era muy buena, no tenés que andar preocupado mirando de reojo tu bolso. Es verdad, nunca recuperamos el entorno y la intimidad del Tigre, pero aquello era irreal, es muy difícil que hoy pueda darse una situación igual.

3. Historia de los Primeros Equipos

CAN: Contanos de los primeros equipos.
MOV: Uf... por dónde empiezo.... Acá, seguro que voy a cometer mil olvidos e injusticias pero voy a comentarte lo que me sale. De los 8 equipos originarios del ‘89, al año siguiente participó el grupo de los 4 que luego tendrían el nombre de los “Fundadores” y que anualmente jugaban una copa con ese nombre. Eran Tagovias (Trevor Jacobs, Richard Escudero, etc), Prófugos (los Devoto, Sebastián Zajdman, etc), Perdonpelé (Pancho Galarza, Pablo Bianchi, etc) y ANFC. Creo que esos cuatro equipos tienen mucho que ver con el espíritu que tuvo el CAN, porque cada uno con su onda, compartía los mismos valores. Varios nos conocíamos entre sí, habíamos parido el torneo del ’89 juntos, había una sensación implícita de parte de ellos de aprecio por lo que estábamos haciendo y de vez en cuando alguno venía con alguna propuesta o incluso queja pero con la mejor onda, como pares o amigos que éramos, y sabiendo que no podían quejarse demasiado porque no habían otros que organizaran! (risas). Si me preguntás... mirá, no es casual que con esos equipos no hayamos tenido ninguna pelea ni discusión en más de 10 años. Y si hoy nos cruzamos aquellos organizadores con Trevor, Richard, los Devoto, Sebas Zajdman, Pancho Galarza, Pablo Bianchi (y sorry que no nombro decenas más...), creo que sentimos esa sensación de mutuo aprecio y nostalgia por aquellos buenos tiempos. Y si bien no eran organizadores, se preocupaban bien por el CAN, como sintiéndolo propio. Nosotros siempre intentamos tratar a todos los equipos por igual, pero había 4 equipos que eran más “iguales” que otros. Y para nosotros no era lo mismo recibir, por ejemplo una propuesta o una queja hecha por alguno de los capitanes de estos equipos que por uno nuevo. Me viene ahora a la memoria que en la segunda Fiesta de Entrega de Premios que hicimos, estos equipos (creo que por iniciativa de Moti Ottamendi y la gente de Prófugos) nos entregaron una especie de diploma firmado por la mayoría de los jugadores del torneo agradeciendo nuestro esfuerzo y me acuerdo que no pude agradecer mucho porque se me trabó la voz... Era un lindo ida y vuelta.

CAN: ¿Qué equipos se incorporaron en el ’90?
MOV: Nos movimos como perros durante el verano y nos llenaron 25 solicitudes de inscripción (obviamente, todo sin internet, ni nada, puro boca a boca). Seleccionamos 12 equipos, de entre los que más gente conocíamos. De esa clasificación entraron Camboya, Topper y, a mitad de año, Makanaky y Kelonios. Los dos primeros se renovaron totalmente a los 4 o 5 años, pero en sus dos versiones fueron equipos que sumaron mucho al torneo. Topper (Marcos Blaquier, Antonio Nielsen, los hermanos Grimoldi, Sergio Imbrosicano) ganó alguna copa en el ’90 y Camboya (Martín Tezanos Pinto, Floro Beccar Varela, Gato Dumas, Paddy Seré) en el ’91 se ganó las tres copas en juego. Ambos eran equipos muy fuertes para entonces. En el caso de Topper además siempre se caracterizó por su fair play. Makanaky (Quique Nolting, Francisco Jorge, Miguel Espinoza) eran tipos de primera, eternos ganadores de premios fair play con Tagovias, pero quizás no tan comprometidos con el fútbol (la verdad que Quique era más lo que renegaba por las llegadas tarde de sus compañeros que lo que disfrutaba), pero le hacían muy bien al CAN. Kelonios era otra cosa, era algo más. Era un equipo donde vos veías que había muy fuertes lazos entre ellos, se conocían casi todos desde el primario. Más que lazos eran cadenas, algunos tenían una relación casi de hermanos (y así se insultaban!): Quique Isola, el Negro Cicerchia, Pancho Spini, Pedro de la Riva, el Manga de Elia y Martín Bobes. Era de los equipos que vos veías que gran parte de sus vidas pasaba por la amistad entre ellos, y que un gran canal de la amistad pasaba por el fútbol.

CAN: ¿Y qué equipos llegaron en el ’91?
MOV: Ese año la clasificación fue impresionante, de no creer. Sin ningún esfuerzo como el año anterior, nos llamaron 45 equipos, nos llenaron las solicitudes y elegimos, con mucho esfuerzo, a 16, dejando afuera equipos que incluso conocíamos a varios de sus integrantes. Evidentemente, lo hecho en el año anterior estaba produciendo sus efectos y el CAN se estaba volviendo algo conocido. Naturalmente de esa clasificación tenían que salir equipos de primer nivel: Milan y Chavalongo (luego fusionado con Perdonpelé, en PerdónChavalongo). El Milan de Gonzalo Sanchez de Bustamante, Ricky Firpo, Manuel Tanoira, Tomás Allende, etc era mucho más que un equipo. Era una “institución”, donde la fuerte amistad entre ellos se potenciaba con un gran nivel futbolístico. Veraneaban juntos, esquiaban juntos, muchos habían ido al colegio juntos, las novias se conocían todas entre sí, llevaban banderas... Y vos veías que mejor les iba en el fútbol y más amigos se hacían, más unidos, más “institucionales”, un equipo muy organizado y con mucho carisma colectivo, que parecía tener vida e historia propia, independientemente de la de sus integrantes. Y así ganaron casi todo durante 4 años. Alguna vez cobré dimensión de lo que era ese equipo cuando me preguntaron “¿vos organizás el Campeonato Alto Nono? Ah... el torneo en el que juega el Milan!”. Fue el mejor y más consistente equipo de los primeros 10 años. Chavalongo –de los hermanos Emiliani, Nico Vivot, Pato Gutierrez, etc- fue otro equipo re-importante, venían de jugar en Pingüinos mucho tiempo, también muy amigos entre ellos, un histórico, y que durante muchos años estuvo bien arriba, pero era más normal en lo colectivo, al nivel de un Kelonios o algunos de los Fundadores, aunque futbolísticamente al principio era claramente superior a éstos. Los clásicos con tanta buena onda como pica entre Milan y Chavalongo fueron inolvidables.

CAN: ¿Y en el ’92?
MOV: En el ’92 se abrió el torneo de los domingos, y luego de una larga clasificación entraron. Pincharratas, Kopetín, Dalton y Defensores de Maschwitz (estos últimos, luego fusionados bajo el nombre de “Dalton-Defe UTE”). Pincharratas es el otro equipo que para mí fue una “institución”, apenitas por debajo del Milan. Otro que veías que los lazos entre ellos eran muy fuertes, muchos de ellos hermanos y primos (los Ojea Quintana), con las mujeres, novia e hijos que no faltaban ni una vez. Un equipo con personalidades muy fuertes, de mucho liderazgo, con tipos como Ramiro Castillo o Sebastián Kunica que eran capaces de ponerse el equipo al hombro ellos solos. Era un equipo que veías que gran parte de sus vidas pasaba por el partido del fin de semana, que llevaban la historia y estadísitica del equipo como si fuera la propia vida. Kopetín (Francisco Seghezzo, Roberto Chute, Toti Passman) era otro equipo importante, en el nivel de un Chavalongo por ejemplo, supo animar varios torneos por mucho tiempo y tuvo también inolvidables clásicos con Milan con petardos y bengalas incluidos, y que se fue consolidando cada vez más con el tiempo. Y Dalton y Defensores, y luego el que surgió de la fusión de ambos, fueron equipos de “cuento de Fontanarrosa”; o más contemporáneo, un equipo donde me imagino jugando a Eber Ludueña. Si agarrás las No-News de la década del ’90 esos equipos fueron permanentes protagonistas de cuentos, anécdotas, e inolvidables reportajes. Veo ahora ese programa de Fox que se llama “Atlas, la otra pasión” sobre las peripecias que pasa un equipo de la “D” y que debe tener medio punto de rating; y siempre que lo veo me digo lo mismo: “si estos hubieran elegido a Defensores para hacer este programa tendrían 10 veces más de rating”. Es que el Negro Yofre, el Picho Giménez de Paz o Moe Gentile hubieran sido fuente inagotable de anécdotas.

CAN: ¿Algún equipo más para destacar?
MOV: No, como te dije por cada uno que nombro estoy cometiendo 10 injusticias, por lo cual paro en el ‘92. Todos fueron equipos que en mayor o menor medida aportaron calidad humana y sana competencia al torneo y que cuando se hablaba en aquella época de lo buena que era la gente que jugaba en el CAN, quien lo decía se le venía a la mente estos equipos.

4. Historia de los Arbitros

CAN: Contanos de los árbitros.
MOV: La decisión originaria fue muy simple. En el SOIVA (’88) y en el Reconquista (en el ’89) habíamos sufrido mucho la impuntualidad o directamente el faltazo de los árbitros. “¿Hay alguna liga seria?”, nos preguntamos. Fuimos al Jockey, nos contestaron “nos dirige la OMA”. Fuimos a CUBA, nos contestaron “nos dirige la OMA”. Averiguamos en Atalaya, y lo mismo. Les preguntamos a los tres si alguna vez faltaban o llegaban tarde. “Jamás” nos contestaron en los tres lados y además nos dijeron que en general eran buenos. Caros, pero los mejores. No había más nada que hablar. Fuimos a hablar con Adalberto Torrillate (que lamentablemente falleció hace pocos años), con Juan Taselli y otros de la comisión directiva y se inició una larguísima relación con ellos que duró más de 15 años.

CAN: ¿Qué le aportaron al CAN?
MOV: En los primeros años nos ayudaron mucho. Nosotros íbamos con nuestro reglamento y ellos hacían sugerencias, nos daban sus puntos de vista, nos contaban qué se hacía en otros torneos. Luego, con nuestro reglamento en mano, reunían a todos los árbitros para explicarles cómo tenían que actuar en cuestiones de llegada tarde, o de remeras distintas, etc. Colaboraban mucho, realmente y con la mejor onda. En el primer año, recuerdo que en medio de la segunda hiperinflación (en el ’90), nos vinieron a pedir un aumento totalmente razonable pero muy sustancial en medio de una copa. Pero hacía cuatro meses que estábamos organizando el CAN y hacía sólo dos fines de semana que había empezado la segunda copa y no les habíamos dicho nada a los capitanes sobre un eventual aumento. Y sentíamos que perdíamos credibilidad y seriedad si les decíamos a los equipos que el plus por partido se aumentaba un 80%... Pero les dijimos a los de la OMA que se sintieran libres y que con todo el dolor nos buscábamos una liga más barata. Estábamos demolidos, cualquier otra liga le iba a bajar el nivel al CAN. Torrillate, en lo que fue una decisión que lo mostró de cuerpo entero, nos dijo “muchachos, ya lo analizamos entre nosotros, Uds. recién empiezan, están haciendo un flor de esfuerzo y queremos tener una relación con Uds. de varios años; no se preocupen, los apoyamos y les congelamos el precio anterior hasta fin de año”. Terminaron dirigiendo por menos de la mitad que lo hacían en otros torneos. Pero esa decisión, mirando más allá del día siguiente, sirvió para consolidar una relación tan fuerte como duradera. Y fue un ida y vuelta también muy lindo: en el año ’91 la OMA nos dio el premio a los “Dirigentes del Año”, por encima de torneos muy tradicionales como CUBA, Jockey, Atalaya, GEBA, Liceo Naval y otros 10 más que dirigían y cuyos organizadores se preguntaban en la fiesta de OMA “¿y estos chicos de Alto “Mono” (sic) de dónde salieron?” (risas).

5. Historia de la No-News

CAN: ¿Cómo nació la No-News?
MOV: Nació en el segundo año del torneo (bajo nuestra organización), en 1991, a partir de las charlas entre los organizadores. Pasábamos tanto tiempo como veedores y charlando con los demás jugadores, que nos enterábamos de un montón de historias, de anécdotas, de cosas que ocurrían dentro de la cancha y fuera de ella, tanto vinculadas a los equipos como personales. Algunas eran muy divertidas. Y nosotros pensábamos: “qué lástima que todas estas historias queden en nosotros, que nadie las conozca...”. Y pensamos que una forma de crear onda entre los equipos, de incentivarlos, era contar esas historias, sea a través de un reportaje al equipo o simplemente contando anécdotas aisladas. Luego entramos a contar temas sociales, que se recibió Fulano, que se casaba Mengano, que la fiesta de entrega de premios era en tal lado, etc. Era algo muy novedoso ya que ningún campeonato tenía algo del estilo ni ahí...

CAN: ¿Quiénes eran los “periodistas”? ¿Cómo se organizaban?
MOV: El primer año éramos el Negro González Bueno, Gustavo di Luzio y yo, cada uno con sus seudónimos (Vinicius, Cayo Medardo y El Cairo, respectivamente); y Pepe Coll tipeaba en su computadora todo lo que nosotros escribíamos a mano (pensá que era 1991 y muy pocos tenían computadora en la casa, en nuestro caso sólo el potentado de Pepe...); luego alguno de los tres agarraba las 8, 10 o 12 páginas que había tipeado Pepe, las reducía lo máximo posible en la fotocopiadora de la esquina, luego agarraba tijeras y plasticola y, tratando de rememorar las clases de actividades prácticas, armaba la “hoja matriz” de donde se hacían las 150 copias en la mejor fotocopiadora del barrio (porque si no era la mejor no se leía nada). Es increíble cómo en 10 años se simplificó todo, pero cada No-News, entre reportajes, redacción, tipeo, armado y fotocopiado nos insumía entre 20 y 25 horas de laburo. Era chino... Con el tiempo, se fue simplificando. En 1992 quedamos el Negro y yo, y Pepe tipeaba. Y en el ’93 cuando quedamos 4 organizadores para hacer todo y el Negro tuvo que ocuparse de los fallos del tribunal de disciplina, yo pasé a ocuparme de la No News, desde el principio al fin. La verdad es que lo hacía con mucho entusiasmo. La No-News no era “esencial” para el campeonato como lo era la cancha, un árbitro, un equipo o el Reglamento. Pero era parte del “espíritu” del CAN, era la frutilla del postre. Habían muchos que no le daban demasiada bola y eran bastante ingratos; me acuerdo particularmente de los de un equipo que cuando se las entregábamos la tiraban al toque o te decían “pará.... yo no soy capaz de leer dos páginas para el parcial del lunes y vos me querés hacer leer todo esto con esta letrita de mierda....”... Y por ahí, habíamos madrugado el sábado para terminar de hacer la No-News... Cuando los organizadores tuvimos que votar por la permanencia de ese equipo en el torneo, no sé por qué nos vino a la memoria esos comentarios y ahí nomás votamos (risas). Pero eran mucho más los que la valoraban. Gente que realmente era del “club de lectores de la No-News” y que nos decía que la esperaba más que El Gráfico (bueh... no era para tanto...). Algunos incluso nos la exigían, se había cumplido la quincena y “tenía que salir”. Bueno, pará... la hacemos de onda. Me acuerdo que incluso alguna vez salió un par de números de una publicación paralela bajo el nombre de “El Opositor” –que las malas lenguas atribuyeron a los de Defe- y que era una suerte de “anti-No-News” (de la que decían que era la “publicación oficialista”). ¡Muy bueno!

CAN: ¿Cuál era el contenido en aquella época?
MOV: Justo el otro día me puse a releerlas, tengo casi todas las matrices en casa. En una época los reportajes eran a los equipos, cómo habían nacido, de dónde se conocían, quiénes eran los líderes, etc. Y la onda del reportaje la ponía cada equipo. Algunos le daban una formalidad como si fuéramos de la revista Apertura y otros estaban más para la joda. También estaba el que usaba el reportaje para hacerle llegar críticas a los organizadores, como Compadres. En fin, cada uno con su onda. Después fueron reportajes individuales (se llamaba “El Amarillo”), algunos recuerdo que fueron apoteóticos, como el reportaje del Negro Yofre, de Manuel Tanoira, de Richard Escudero, de Ramiro Castillo, etc. Los leo hoy y me sigo riendo. Después las anécdotas iban a una columna que se llamaba “Desde el Rincón” y algunas eran muy divertidas: leía el otro día la de Marcos Blaquier y una serie de encontronazos que tuvo con una mina que se quería levantar invitándola a la Fiesta de Entrega de Premios donde lo íbamos a premiar como goleador y donde le salió todo mal: primero, se equivocó de día (“ejem… ¿me acompañás mañana?”) y después, ya en la Fiesta, se emocionó tanto cuando al empezar pusimos la música de Fútbol de Primera (es decir, la del final de “Blade Runner”) que le tiró todo un porrón de cerveza en el vestido blanco de su mina, y ahí nomás se acabó la fiesta para él y la relación con su mina, todo esto con otros detalles dignos de este personaje... O la de la operación de Mariano Emiliani; la de Fernando Pertini que se comió un gol definitorio por estar conversando con uno de los veedores, apoyado contra uno de los postes; la de Manuel Tanoira, cuando llegó al campeonato en helicóptero; la de la participación de Marcos Fernández Gárgolas, goleador entonces de Camboya, en el Baile de COAS y que salió en “La Revista” (una especie de “Caras” de la época) a quien le hicimos un montaje con las fotos, obviamente a tijera y plasticola, que me acuerdo que estuvimos como 4 horas... no lo podés creer; no sé, había como cincuenta números de la No-News. Después había otra columna que era de “Explicaciones Reglamentarias” que era re-embolante pero servía para explicar los fundamentos de determinada norma del Reglamento, a qué apuntaba cada artículo del reglamento. Por ejemplo, por qué existía una Tabla de Faltas, o una Tabla Fair Play, por qué había que cumplir con la Lista de Buena Fe, cuál era el fundamento de la institución de los “jugadores históricos”, por qué la regla de desempate era primero por el resultado entre los equipos y luego por diferencia de gol, y así varias más. La verdad que ahí se nos iba un poco la mano porque era de un fundamento jurídico bastante exagerado. Hoy lo hubiera escrito más simple. Pero algunos se copaban y te agradecían.

6. Historia de las Fiestas de Fin de Año

CAN: ¿Cuándo se empezaron a hacer las fiestas de fin de año?
MOV: Desde siempre. De siempre le dimos importancia a la Fiesta de Entrega de Premios. El primer año, en 1990, con sólo 10 equipos fue bastante humilde. La hicimos en el Club Newman, sin micrófono, ni nada, pero cada copa tenía su nombre y apellido, se decían unas palabras de agradecimiento, y luego se puso música y punto. Pero a partir del segundo año, la Fiesta empezó a tener mayor nivel. En 1991 y 1992 la hicimos en Bishop (un lugar de onda de la época, en Viamonte y Talcahuano) y entre 1993 y 1996 la hicimos en Puerto Pirata (Libertad entre Santa Fe y Arenales, hoy es “El Danzón”). Estas últimas te diría que fueron las que alcanzaron el mayor nivel en aquella primera época. Realmente estábamos muy mal de la cabeza: nos dedicábamos como si fuera un casamiento, o más aún como si fuera la fiesta de entrega de premios de la Champions League, era totalmente desproporcionado a un campeonato que tenía sólo 12, 16 o 24 equipos, según las épocas. Ni te cuento lo que gastábamos porque era totalmente irrazonable. Una locura.

CAN: ¿Y no se les cruzó alguna vez guardarse parte de esa guita para irse de vacaciones a un lugar mejor?
MOV: No, como te decía antes teníamos mucho sentimiento de culpa con lo económico por tratarse de guita de nuestros amigos y conocidos, y además si queríamos el mejor torneo debía tener el mejor broche de oro. Todo lo que sobraba iba a parar a la Fiesta. Y si nadie hacía fiesta de entrega de premios, nosotros sí la hacíamos porque un torneo de nivel merecía una fiesta de nivel, y que todos volvieran a sus casas con más pilas que nunca. Revisábamos las chapitas de los premios hasta el hartazgo para que no tuvieran errores de ortografía, volvíamos loco al pobre grabador. Porque no hay nada peor que recibir tu premio y ver que tu nombre o apellido está mal escrito. Contratábamos al mago-ventrílocuo Juan Pablo “Mono Totó” Ibáñez (en esa época lo contrataba Susana Jiménez para su programa de TV, y hace poco lo llamé para una fiesta del Estudio y cobraba más de tres lucas, algo comparable a lo que cobraría entonces). Cada premio tenía su música: Prófugos, el tema homónimo de Soda Stereo; Tagovias, las pocas veces que salió subcampeón tenía la música de Misión Imposible, ANFC tenía la música de Feliz Domingo (“Luces de mi Ciudad” de Mariano Mores) que me volví loco hasta que lo encontré en una batea de la calle Florida; y el resto, la gran mayoría eran cortinas sacadas de temas de Génesis de la época del ´76-´81 que era la que a mí y al resto de los organizadores nos gustaba. Al disc-jockey lo volvía loco, todo tenía que tener su exacto momento de entrada y su exacto volumen, por ejemplo cada año me juntaba con el que fuera y le decía: “mirá acá te dejo el papel con todos los temas, y en esta columna tenés el pie que yo te voy a dar para que vos metas la música; por ejemplo: cuando digo ‘y ahora la terna al mejor jugador del Campeonato Alto Nono del Año’, vos largás con Genesis, Seconds Out, Vol II, tema 3, minuto 7:45 y vas subiendo cada vez más el volumen mientras empieza el tema 4 (Los Endos); cuando nombre al mejor jugador quiero que este lugar reviente; ahora lo vamos a ensayar dos o tres veces hasta que te salga bien y no tengo problemas en repetirlo cuantas veces sea necesario, porque quiero que sepas que si te mandás una cagada en esta parte, nos vas a cagar la Fiesta”. El disc-jockey no sabía si lo estaba jodiendo o si me tenía que cagar a palos! (risas). Pero es el día de hoy que escucho Los Endos y se me cae un lagrimón: me es imposible no imaginarme dando la terna al mejor jugador y de sentir con total empatía la alegría que tendría el jugador que nombraba en ese momento. Es más, en el momento en que yo nombraba al “Mejor Jugador” estoy seguro que yo sentía el mismo escalofrío que ese jugador estaba sintiendo. Es que nos auto-convencíamos que para el que recibía el premio al mejor jugador, seguramente ése iba a ser uno de los días más felices de su vida. Sin exagerar, yo creo que si le preguntás a Gonzalo Sánchez de Bustamante, a Chano Pordelane, a Sebastián Kunica, a Francisco Seghezzo, a Ramiro Castillo, o cualquier otro que recibió el premio en esas fiestas, estoy seguro que si le pedimos que recuerde ese día lo debe hacer con una nostalgia muy fuerte, si no es que alguno te dice que fue uno de los 10 días más felices o de mayor orgullo de su vida. Y los operativos para que no faltara el premiado a Mejor Jugador sin que supiera que iba a recibir ese premio eran dignos de un capítulo de Los Simuladores. Aparte, todos los que recibían premios individuales o colectivos tenían un minuto para agradecer y se creaba un muy buen ambiente. Y guarda que no fueras a la Fiesta porque inmediatamente los demás detectaban la situación y te mandaban al frente, como le pasó a Camboya en el ’92: luego de un año de seca, posterior al ’91 en que habían ganado todo, no fue ninguno a la fiesta y así fue que todo Puerto Pirata se unió en el himno “Camboya se cagó” por 5 minutos y de pie, que todavía varios se acordarán… Muy bueno! La Fiesta era esencial para cerrar bien el año, que cada equipo pudiera sanear los roces internos que habían tenido, como así también los roces entre distintos equipos. Es que había un clima de festejo, de linda tensión y emoción, y cuando terminaba todo el mundo se iba con unas pilas que si le ponían una cancha en Libertad y Santa Fe eran capaces de jugar 8 horas seguidas. Y los organizadores nos volvíamos a casa convencidos que, al lado nuestro, Havelange y Blatter eran dos chotos! (risas). La fiesta era un sacrificio muy grande pero al mismo tiempo dejaba muchas satisfacciones.

CAN: La tradición de las fiestas de fin de año, con algunas interrupciones, siguieron por muchos años….
MOV: Y me alegro mucho que en los últimos años Daniel y Martín hayan vuelto a hacerlas y en lugares que nosotros nunca hubiésemos podido acceder. Tuve el placer de ir a algunas y si bien tuvieron otra onda completamente distinta a las de nuestra época, mucho menos formales y más acorde a estos tiempos, me parecieron muy bien. En aquellas fiestas mientras yo hacía de animador y había cortos discursos de los jugadores y equipos premiados, la gente los escuchaba y todo bien. Ahora me parece que eso sería un poco difícil. No quiero caer en el lugar común de que la juventud ha cambiado mucho y todo eso, pero no sé por qué me suena que sería muy difícil. En aquellas fiestas cuando Richard Escudero o Trevor de Tagovias, o Quique Nolting de Makanaky recibían el premio “fair play” o el de “caballerosidad deportiva” los aplaudían, luego de la fiesta los demás se les acercaban y los felicitaban. Y en una que fui muchos años después, en 2004 al equipo que recibió el premio “fair play” un grupo le cantaba “poné la pierna la puta que te parió.”. Qué querés que te diga... Me dio un poquito de cosa... pero es la pendejada de hoy, mezclada con los efectos de la cerveza, qué se le va a hacer… Pero lo importante es que había y hay muy buena onda, que los equipos salen con muchas pilas de la fiesta y tanto ayer como hoy se comparte un buen momento entre todos.

7. Historia del Reglamento

CAN: ¿Por qué era y es tan importante tener un buen Reglamento?
MOV: Bueno, primero, hay que entender el contexto de la época. En esa época ningún campeonato tenía Reglamento. Así como lo escuchás. Apenas CUBA tenía un par de reglas (como “doble W.O., con o sin aviso, out”) y Pingüinos y Atalaya tenían una tablita de sanciones para los expulsados. Punto, no había más que eso. Segundo, hay que tomar en cuenta que 3 de los organizadores éramos abogados por lo cual teníamos una inclinación natural a los estatutos y reglamentos. Si para una SRL familiar entre dos socios podíamos concebir un contrato de 10 páginas, mucho más natural era que redactáramos un Reglamento si en el campeonato debíamos regular las relaciones entre más de 150 personas. Pero aparte para nosotros el Reglamento era esencial porque íbamos a jugar en nuestro propio torneo, por lo cual si no fijábamos reglas claras cualquiera podía pensar que sacábamos provecho de nuestra calidad de organizadores. Y lo más importante de todo: en el torneo la mayoría eran amigos o muy conocidos nuestros, y teníamos que dar la imagen como que el “organizador” era el Reglamento y que nosotros nos limitábamos a aplicarlo, con lo cual era muy común el discurso “mirá yo te entiendo lo que decís, pero en la reunión de capitanes acordamos este Reglamento y explicamos el por qué de cada una de las cláusulas, y si hago una excepción con vos todo el mundo va a pensar que es por amiguismo y se va la disciplina al carajo”. Y la gran mayoría lo entendía bien y pocos discutían. Hay un abismo entre organizar un torneo con y sin un reglamento como el del CAN.

CAN: ¿Tuvieron algo de donde partir para la redacción?
MOV: Nada de nada. El problema era que había que hacerlo de cero porque no había nada escrito para un campeonato amateur. Habíamos ido a la AFA con Gustavo di Luzio pero ese reglamento eterno y engorroso no nos servía para nada, quizás un par de cosas para la parte del Tribunal de Disciplina pero apenas. Y así me senté a escribir el primer reglamento con la página en blanco, de puño y letra, y escribí unas 5 páginas y 25 artículos, una eternidad para la época, pero muy poco comparado con las 15 páginas y 60 artículos que terminó siendo a los pocos años. Nuestra inspiración vino principalmente de nuestra experiencia negativa en el SOIVA, de nuestra experiencia de cada año, del sentido común y de nuestra creatividad.

CAN: ¿Qué era lo más importante que tenía aquel Reglamento?
MOV: Te diría que la “Tabla de Faltas”. Teníamos en claro que no queríamos que fuera un relajo total como en el SOIVA, donde todo era un caos: impuntualidades de más de media hora sin sanción, equipos con jugadores con remeras distintas, la mitad no tenían número, equipos que terminaban sin pagar la inscripción y entonces venía el organizador y te decía que no había premios, en fin un caos. Pero por el otro lado no queríamos la rigidez que por ejemplo veíamos en aquella época en CUBA: esa regla de “2 W.O. out” (con o sin aviso) o 15 minutos tarde, W.O. y el partido no se juega ni en calidad de amistoso después que todo el mundo se había ido hasta Villa de Mayo era una exageración. Las reglas tenían que ser claras y aplicadas con toda firmeza; pero también tenían que ser adecuadas a un torneo de fútbol amateur de fin de semana. Con esos dos principios nació la “Tabla de Faltas”: si llegabas 15 minutos tarde, tenías tus faltas pero no pasaba nada, el partido se jugaba igual; ahora si llegás media hora tarde, ya es otra cosa, ahí sí perdés el partido, pero te podés jugar -si quieren ambos equipos- un amistoso de dos tiempos de 35 o 30 minutos para no afectar el inicio del partido siguiente. Lo mismo con las remeras y números: queríamos que todos estuvieran exactamente iguales para darle seriedad al torneo. Y también todas las remeras con número para facilitar la tarea del referi. Pero no íbamos a dejar de jugar el partido porque un par se habían olvidado la remera o se le había despegado el número (sí, en esa época los números se despegaban!). Jugás igual, tenés tus faltas y listo. Eso sí, si te la pasaste todo el año acumulando faltas, y pasaste los distintos límites (razonablemente flexibles), no te quejes, quiere decir que tu equipo es muy desorganizado o por lo menos mucho más desorganizado que lo que pretendemos. Esa tabla fue un excelente instrumento para los organizadores porque los equipos se autocontrolaban. El equipo que empezaba desorganizado, luego el capitán los presionaba para que mejoraran y nosotros como organizadores no teníamos ningún roce con el equipo ni que hacer nada; simplemente, mandábamos el informe con la aplicación de faltas correspondientes y punto. La “Tabla de Faltas” reflejaba el justo y razonable medio para un campeonato que quiere ser muy serio pero en el contexto de un torneo amateur de fin de semana.

CAN: ¿El Reglamento siguió evolucionando?
MOV: Totalmente, a partir de ese primer Reglamento, al más puro sistema legal anglosajón, cada vez que detectábamos una situación concreta que merecía un cambio a nivel Reglamento lo hacíamos. Así nació la “Tabla Fair Play” que te diría fue la mejor invención de todas, y la mejor no sólo para los organizadores sino para el campeonato en general. Era el año 1992, jugábamos en el Tigre. Había un equipo que se llamaba Estación Boulogne, de muchos ex alumnos del San Marcos, conocidos de los de Prófugos. Teníamos la mejor onda con el capitán, Marcos García, y con muchos de sus jugadores, eran buenos tipos pero el equipo era bastante caliente en materia de expulsados y amonestados. Un domingo me senté a sacar cuentas y estadísticas de los 12 equipos del torneo de entonces. Llegué a la conclusión que Estación Boulogne tenía 4 veces más expulsados y amonestados que el resto de los equipos y, lo más llamativo, que los demás equipos cuando enfrentaban a Estación Boulogne aumentaban 5 veces más sus propios promedios de expulsados y amonestados. Me acuerdo que de los 22 expulsados de la copa, 18 habían sido en partidos de Estación Boulogne (o de ese equipo o del contrario), todavía me acuerdo. No sólo Estación Boulogne era un equipo caliente sino que hacía calentar al contrario, por lo cual esos partidos eran doblemente calientes. Había que cortar la situación de cuajo. Una noche, a la vuelta de la facultad, me senté a escribirles una carta de 6 páginas, hasta la madrugada. El otro día la releí... era eterna..... Era de lo más respetuosa (casi te diría afectuosa) pero durísima: les exigíamos un cambio sustancial de actitud, si en la próxima copa de 11 partidos superaban los 30 puntos (1 por amonestación y 3 por expulsión) quedaban afuera. Santo remedio. Los de Estación Boulogne lo entendieron bien, leyeron la carta todos juntos, y cambiaron rotundamente. A los dos o tres quilomberos los empezaron a contener o directamente los “colgaban”. Luego, terminaron pasando apenas el límite de 30 puntos (que la verdad se nos fue la mano por lo bajo...) y como además se habían sentido muy presionados se terminaron yendo del Torneo. Pero fue tan buena la solución que después del “caso Estación Boulogne” decidimos elevarla como un largo capítulo general en el Reglamento: si pasabas tal límite de puntos, había una votación de capitanes para ver si seguías o no; si pasabas tal otro límite mayor, directamente te tenías que ir sin votación de capitanes. Y recordemos que en la época no había nada parecido: todavía no habían aparecido las tablitas “fair play” ni en Clarín ni en Olé ni en la FIFA. No había nada que estuviera escrito de donde hubiéramos sacado la idea. Fue por lejos la mejor herramienta de autocontrol disciplinario de los equipos. Así, el jugador que era quilombero, rápidamente era controlado o excluido del equipo, porque no sólo lo dejaba con 10 sino que para colmo le hacía sumar puntos en la Tabla Fair Play. La depuración era natural y, de vuelta, los organizadores no teníamos que hacer nada: simplemente nos limitábamos a computar las amonestaciones y expulsiones que ponía el referi. Por otra parte, era inédito que los equipos, o sus capitanes, tuvieran el “gobierno” de votar si un equipo seguía o no. Era como que todos los equipos tenían autoconciencia y se involucraban en la importancia del fair play, y si había un equipo que les parecía que no era de la onda del campeonato, le emitían el voto (secreto) en contra y punto. De alguna manera, aunque más no fuera ese día, se sentían “organizadores”, como que ellos también eran parte y aportaban al espíritu del CAN. El clima de tensión que se vivía en esas votaciones no te digo que era como la del senado de Cobos, pero seguramente los equipos que la sufrieron todavía se deben acordar, sobretodo aquellos que les salió negativa…

CAN: ¿Es verdad que estás en juicio por ese Reglamento?
MOV: Así es, desde el año 2000, en el Juzgado Civil 41 contra los muchachos que organizan Northchamp, un campeonato que tiene más de 250 equipos. Resulta que había un equipo que se llamaba Sporting Zorzal del cual se desprendió otro que se llamaba La Naranja Mecánica. En ambos equipos había tres jugadores que se llamaban Kito Vitale, Germán Coles y Juan Cruz Granillo. Un buen día nos enteramos que se iban y que tenían la intención de hacer su propio torneo pero con fines claramente comerciales, en forma de empresa. No hay nada malo en ello, me parecía perfecto. Incluso durante un tiempo los tres nos llamaban para organizar cosas en conjunto, como una super-final entre los dos torneos o establecer un acuerdo que el equipo que se iba expulsado de un torneo (por temas económicos o por grescas) no podía entrar en el otro. A nosotros no nos interesaba nada de eso, pero los escuchábamos, les dábamos nuestras razones y, en fin, teníamos buena onda. Un día de 2000, cuando los websites se empezaron a generalizar me llama Daniel Coll: “Matías!!! Entrá a www.northchamp.com y clickeá en donde dice reglamento”. Entré y me quedé duro. ¡Era mi reglamento, versión 1993, textual!. Y estaba siendo usado con fines totalmente lucrativos desde hace años, para 250 equipos. Y yo sabía y todos saben lo importante que es un reglamento para un torneo de fútbol y, específicamente, este reglamento. Al poco tiempo, mando carta documento. Allí deciden descolgar mi reglamento y luego del típico “estamos modificando esta sección” apareció otro reglamento, supuestamente distinto, aunque no le pudieron cambiar su esencia ni varios de sus párrafos; es que ya lo tenían demasiado enraizado en su campeonato. Pero todo esto fue con dos detalles: el primero, el reglamento yo lo tenía registrado desde los inicios en el Registro de Propiedad Intelectual (y bueh... que querés... ¡soy abogado!); y el segundo, en cada oportunidad había tomado el recaudo que un escribano hiciera un acta notarial de cada una de las sucesivas páginas del web site de Northchamp y sus respectivos cambios. Mi autoría estaba registrada y prácticamente reconocida por ellos. No llegamos a un acuerdo luego del largo proceso de mediación y seguimos en juicio desde hace casi 10 años, al típico ritmo lento de la justicia post-corralito. Es el único juicio que inicié en mi vida, en un caso jurídicamente muy interesante, donde se discute en cuánto influye el uso de determinado reglamento en la organización y éxito de un emprendimiento como este.

CAN: ¿Qué esperás de ese juicio?
MOV: Principalmente lo hice por una cuestión de principios. Cuando en el cole te piden una composición sobre el tema “la vaca”, está claro que no podés ir con un cuento de Sábato porque te ponen en penitencia en el rincón y te mandan una nota a tus viejos. Así, cuando sos grande si te plagiás la obra intelectual de otro para tu propio provecho económico, viene un juez y te dice “eso está muy mal, eso es un delito en el código penal, dale a aquel lo que le corresponde por el aporte que hizo y que nunca te autorizó a usar”. Además del juicio civil, podría también haber hecho la denuncia penal (bah... de hecho estuve a punto de hacerlo, con el escrito en la puerta del juzgado), pero los tres eran conocidos, tenemos gente conocida en común, no era mi intención meterlos en un quilombazo penal a ellos y su familia. Qué se yo... nunca supe si encuadrar este caso como una negligencia de adolescentes, o como un caso más de supuesta “viveza criolla” aplicada al típico empresario argentino medio. La verdad que no lo sé porque no los conozco tanto. Pero sea por negligencia o por dolo, había una cuestión de principios que no podía dejar pasar. Muchas veces te quejás de cosas que pasan a tu alrededor, en donde te avasallan tus derechos, pero en la mayoría de los casos esas cosas pasan porque uno no ejerce el control o no defiende sus derechos hasta las últimas consecuencias. Bueno, yo lo hice y algún día voy a tener mi sentencia colgada en un cuadrito que me dé la razón, en un caso en el cual no sólo está muy claro que la tengo sino que justo se metieron con un instrumento de una actividad en la cual en aquellos tiempos yo había puesto mucha pasión y sentimiento.

8. Los Fallos del Tribunal de Disciplina

CAN: ¿Por qué decís que uno de los aspectos esenciales del CAN era tener un buen Tribunal de Disciplina?
MOV: Mirá, antes del CAN no existían los fallos escritos de un tribunal de disciplina en torneos amateur. Como te decía al principio, antes había alguno como Pingüinos que tenía una tablita muy simple de sanciones, pero era muy precario. O estaba el torneo de CUBA que tenía un tribunal que te aplicaba sanciones durísimas de 8 o más fechas pero sin darte el más mínimo fundamento ni explicación. Cuando fundamos el CAN, tres de los primeros organizadores (Pancho Macías, el Negro González Bueno y yo) hacía poco habíamos rendido Derecho Penal I y II y quizás por eso nos parecía básico tener un capítulo en el reglamento que claramente tipificara las distintas faltas y sanciones, con mínimos y máximos. De lo contrario, la nada era como tener un “cheque en blanco” para que los organizadores aplicaran cualquier cosa (por alto o por bajo), mientras que tener algo escrito era una forma de sentar las bases de una “seguridad jurídica”. Y además, pusimos algunos institutos del derecho penal como la concurrencia de faltas, la reincidencia, elementos agravantes (generalmente por el resultado provocado, como lesión grave o suspensión del partido), etc. Pero al mismo tiempo, éramos jugadores y sabíamos bien lo que era sufrir una suspensión de 1 o 2 fechas y ni qué hablar de una de 4 u 8. Por eso, las sanciones de más de 3 fechas tenían que ser realmente excepcionales. Por todo esto sentíamos que si íbamos a suspender a alguien, como mínimo el tipo tenía que recibir una explicación escrita y clara del por qué, quedarse tranquilo que analizaste su caso a fondo, que encuadraste su caso en un reglamento que ya estaba escrito de antes y que su sanción era comparable a la que se aplicó en otros casos parecidos. Aprendimos bien aquello que decía Konrad Adenauer que es “es importante tener razón, pero mucho más importante es que te la den”. A veces estábamos muy convencidos entre nosotros de determinada sanción para tal jugador, pero vos no te ganás su respeto ni su credibilidad por aplicar sanciones duras sino el cuando el jugador o el equipo entienden las razones por las cuales esa sanción es justa. A veces esto es difícil porque el jugador es muy subjetivo y para peor los fallos no sólo tienden a hacer justicia en el caso concreto sino a mantener la seguridad jurídica general. Y como ambos conceptos no van exactamente de la mano, en algún caso la seguridad jurídica hasta llega a exigir cierta mínima dosis de injusticia en el caso concreto. La seguridad jurídica aplicada al torneo sería algo así como que los casos más o menos similares tengan sanciones similares, más allá de las diferencias importantes que pueda haber entre ellos, de tal manera que cuando vos leas una causal de expulsión de otro similar a la tuya veas una sanción que sea igual o al menos no tan distinta a la que a vos te pusieron. Porque de lo contrario, si vos hacés una excepción al mínimo y no le ponés la respectiva fecha de suspensión a un jugador, te van a venir los 20 casos anteriores en que sí pusiste fecha a pedirte –con razón- las explicaciones del caso. Por eso que para hacer una excepción, teníamos mucho cuidado. Una vez, un jugador de Chavalongo (creo que Nico Vivot), en Tigre, fue expulsado por foul último recurso cuando la FIFA acababa de imponer esa regla. En ese entonces, la sanción era 1 fecha de mínimo. Pero lo complicado era que el juez había aplicado la ley de ventaja y el equipo contrario había hecho el gol. Y lo expulsó igual. Ahora parece obvio, pero a 1 mes de aplicada esa regla no era tan así. Tuvimos que ir a OMA y la OMA a la AFA para llegar a la conclusión que había sido mal expulsado. Y todo eso fue a parar a un eterno fallo de más de una página, donde se explicaba claramente la situación y la parte reglamentaria para que ninguno viniera después a pedir excepciones al Reglamento sin fundamento. En fin, justicia y seguridad jurídica no siempre van tan de la mano, por lo cual es complicado. Pero una vez que te ven como un tribunal u organizador justo e independiente y que realmente se ocupa de analizar tu caso, todo se hace un poco más fácil. Esta es por lejos la función más difícil e importante de los organizadores y de la cual aprendimos muchas cosas, y de cierta manera hubo una buena evolución en ese aprendizaje.

CAN: ¿Por ejemplo?
MOV: Y, por ejemplo, con los insultos. Al principio era complicado porque creíamos que el Reglamento era muy completo pero no era tan así ni tampoco puede haber un reglamento que contemple todo lo que va a pasar; el fútbol, en su “vida real” tiene aristas que hacía que los casos fueran difíciles de encuadrar. Así, en las encuestas de un fin de año muchos nos sugerían que 3 fechas por un insulto de una o dos palabras dichas como un exabrupto y donde a lo mejor el jugador al toque le pedía disculpas al árbitro era demasiado. Y, que por otro lado, era muy poco para el que insultaba una y varias veces más después de haber sido expulsado. Todos los casos de insultos no eran iguales. Al poco tiempo, nos dimos cuenta que al que verdaderamente había que sancionar con 3 o más fechas era al que luego de insultar, volvía a hacerlo, generando un clima más jodido. Y después estaba el denso que volvía otra vez a insultar desde fuera de la cancha, a veces mientras hasta sus mismos compañeros le pedían que se callara, lo cual era una figurita tan típica que lo pusimos expresamente en el reglamento, con un mínimo de 4 fechas Y después estaba el hinchabolas que todavía la seguía más y el árbitro tenía que parar el partido hasta que el tipo se fuera a los vestuarios, siendo ese otro agravante. Para este tipo, después de todo lo que había hecho, el mínimo sí tenía que ser de 5 fechas. ¿Le jodiste un rato del fin de semana a 21 tipos, al árbitro y a la gente que miraba el partido? Bueno, bárbaro, tomá tus 5 fechas de suspensión, que con una suspensión por lluvia es un mes y medio, aprovechalo para hacerte un cursito de yoga y volvé más tranquilito cuando lo termines.

CAN: ¿Cuánto era la incidencia del informe del árbitro y cuánto la incidencia del veedor?
MOV: Al principio, el encuadre de la falta dependía en un 95% del informe del árbitro que por un tema -otra vez- de seguridad jurídica casi no cuestionábamos nunca, ni aún cuando el veedor había visto algo contrario o diferente. Al principio, el informe del veedor sólo se tomaba en cuenta cuando había una diferencia flagrante (ej. equivocación de jugador) o cuando había una gresca y por la confusión el árbitro no había podido ver todo. Pero eso estaba mal y se fue corrigiendo con el tiempo y el informe del veedor fue tomando cada vez más importancia. Ahora leo los fallos de estos tiempos y veo que la existencia del informe del veedor es muy común, el cual sirve para confirmar o aclarar lo informado por el árbitro o, en su caso, para rectificar sus errores. Eso de ahora está muy bien y nosotros fuimos muy rígidos al principio. Una cosa es que el veedor no se meta a dirigir el partido, donde obviamente el único que manda es el árbitro. Pero otra cosa es que a la hora de poner una sanción sólo te bases en su informe. Si bien normalmente el árbitro estuvo más cerca de los hechos, también es cierto que el veedor seguramente vio todo con mucha mayor tranquilidad que aquél. Así que está bien considerar los dos.

CAN: ¿Quiénes hacían los fallos en aquellos primeros tiempos?
MOV: El primer año los hizo Pancho Macías y ya desde el segundo y por casi 10 años más los hizo el Negro González Bueno. Pero los dos o tres casos complicados del año (generalmente, grescas), los discutíamos previamente entre todos los organizadores, y luego lo redactábamos entre el Negro y yo que ya éramos abogados, y analizábamos el caso como si tuviéramos un caso de Corte Suprema entremanos. Pero eso sí, nadie sabía quién era el Tribunal. Primero porque queríamos que fuera algo despersonificado, como “la Justicia”. Segundo, porque no queríamos convertir nuestra ida a jugar el torneo con una constante apelación “in voce” de los fallos antes y después de nuestro partido. Y tercero, porque el Negro González Bueno pesaba en ese entonces 55 kilos (ahora pesa 56) y no queríamos que sufriera represalias dentro del campo de juego! (risas). Recuerdo que una de las discusiones más divertidas que tuvimos era si “boludo” calificaba como ofensa leve (una fecha de mínimo) o insulto (dos fechas de mínimo). Estuvimos como 3 horas deliberando y sacamos un fallo que analizaba el uso generalizado que había sufrido esa palabra en los últimos tiempos, al límite de utilizarse como latiguillo o como sinónimo de “che”, tomamos en cuenta que se acaba de estrenar una película que se llamaba “Las Boludas”, cuyo nombre no había sido censurado, y otras razones por las cuales nos inclinamos por la ofensa leve. Otro que nos tuvo horas deliberando fue el caso de Baigorria, un arquero cordobés de Kelonios (el portero del edificio del Negro Cicerchia), que fue expulsado por decirle “culeao” al árbitro. El tipo nos explicaba que en Córdoba se decía “culeao” como en Buenos Aires se decía “boludo” y que siendo que varios de los organizadores veraneaban en Nono debíamos saberlo (lo cual era verdad!); pero le aplicamos 3 fechas como insulto… (todavía no habíamos bajado el mínimo en el Reglamento) y la verdad es que se nos recontrafue la mano, fue producto de nuestra rigidez en esos primeros años (disculpas Kelonios!). Cuando el Negro se retiró, mi sobrino Francisco los redactó algunos años y yo lo ayudaba, sobretodo con los difíciles. Nos tocó hacer uno de una gresca jodida de donde surgieron las sanciones más graves (hasta de un año) que jamás habíamos puesto, en un fallo que tuvo como 5 páginas. Ese lo sentí como mi último fallo y colaboración importante con el CAN.

9. Reflexiones Finales:

CAN: El campeonato que Uds. un día decidieron fundar cumple 20 años. ¿Que te viene a la cabeza?
MOV: ¿Sabés lo que me quema la cabeza? Me quema el hecho de pensar que si yo hubiese atajado aquel último tiro en la definición por penales de la clasificación del Torneo Atalaya de 1989, nuestro equipo hubiese clasificado para ese Torneo, hubiésemos posiblemente jugado 5 o 10 años en Atalaya y, por tanto, nunca nos hubiésemos enfrentado con la necesidad de crear nuestro propio torneo. Porque no es que nosotros siempre habíamos tenido la intención de fundar un torneo. ¡Nunca se nos había pasado por la cabeza!. Es más, cuando quedamos afuera de Atalaya, como te contaba antes, en un viaje en auto los convencimos a Sebastián Zajdman y a Miguel Devoto de Prófugos que fueran ellos los organizadores de un nuevo torneo, que los demás los íbamos a apoyar, y tuvimos la suerte que aceptaran porque nosotros no queríamos... todavía. Y sólo cuando ellos dos, luego de hiperinflacionario 1989, colgaron los botines, dijimos: “no queda otra; ahora tenemos que organizarlo nosotros”.

CAN: ¿Es decir que no existiría el CAN si hubieses atajado ese último penal de la clasificación de Atalaya?
MOV: Totalmente. Me puse a pensar en eso cuando hace unos años vi “Corre Lola Corre”, una película alemana muy buena y conocida en su época que se trata justamente de eso, de cómo un pequeño tropiezo en la calle puede hacer que cambie toda tu vida y la vida de los otros. Pero no atajé ese último penal, la pelota me rozó las manos, nos quedamos sin Atalaya y por necesidad hubo que crear el propio torneo, porque al SOIVA nos habíamos jurado no volver y otros campeonatos abiertos no había, aunque hoy cueste creerlo. Luego de un año, asumimos nosotros la organización y allí vinieron muchos equipos de gente conocida nuestra, incluso equipos que no estaban formados y que se crearon a partir de nuestros llamados o de los buenos comentarios de otros sobre el CAN, y que nunca se hubiesen formado si no era que un día les decían “este campeonato está bueno, ¿por qué no te venís con tu equipo o te hacés un equipo con tus amigos?”. Y cada equipo vino con su historia, y no sólo sus jugadores pasaron a tener organizado su sábado por muchos años sino que también se crearon un montón de relaciones a partir del CAN, dentro de los equipos y entre los equipos. En el nuestro, por ejemplo, hubo tipos que se casaron con la amiga de la novia de otro jugador del equipo, como Cristian Mayer, y que nunca se hubiesen conocido si no era por el equipo, o que consiguieron trabajo por alguno del equipo o se asociaron en algún emprendimiento. Y me imagino que en los demás equipos del Torneo habrá pasado y seguirá pasando lo mismo.

CAN: Pero alguno quizás te diría: “bueno, pero si no era en el CAN, a los jugadores de ese equipo les hubiese pasado lo mismo en otro torneo”...
MOV: ¡Pero eso nunca podés saberlo y es muy difícil que ocurra tal cual! Y en algunos casos, hasta quizás hubiese sido imposible que eso ocurriera. Quizás Prófugos, o Tagovias, o Perdonpelé, o cualquier otro equipo ante la falta de un CAN se hubiesen ido a jugar al SOIVA, y por lo deficiente del torneo hubiesen estado un par de años y se hubiesen desintegrado al poco tiempo. Pero se sintieron tan cómodos en el Torneo que están hace 20 años, como otros lo están desde hace 15, 10, o 5 años. Hubo equipos que me consta que se formaron como tales sólo porque habían escuchado hablar del CAN y porque algunos de nosotros les había insistido para inscribirse. Y durante todos esos años hubo relaciones de todo tipo, de amistad, de laburo, o como decía antes hasta de casorio, gente que nunca hubiese conocido a su mujer y tenido a esos hijos que hoy tiene si no era porque Fulano de su equipo o de otro equipo se la presentaba. Si sigo pensando, quizás tampoco existiría el torneo Northchamp con más de 250 equipos porque sus organizadores -jugadores del CAN hasta 1993- nunca se hubiesen inspirado en el nuestro, ni sacado muchas de nuestras ideas (además de plagiar nuestro Reglamento, digamos de paso...) para hacer el propio; si los hoy organizadores de ese torneo hubiesen ido a parar al SOIVA, en lugar del CAN, de seguro que jamás lo hubiesen visto como un potencial negocio. Otro ejemplo, hay varios jugadores o familiares o conocidos que compraron la casa que tienen hoy en un country de Tigre, lugar que conocieron pura y exclusivamente porque en esos mismos terrenos se jugó el CAN entre 1991 y 1994, antes de la construcción del country. Otra: hay algunos de otros equipos, como Felipe Yofre, que por referencias nuestras desde hace años eligieron el pueblo de Nono, en Córdoba, como lugar de veraneo para su familia y seguramente sus hijos recordarán estos años por el resto de sus vidas, y si no hubiera sido que escucharon de ese pueblo a través de alguno de nosotros, quizás nunca lo hubiesen conocido. Y así podría seguir eternamente. Siempre pienso que si hubiese atajado aquel último penal de la Clasificación de Atalaya, en marzo del ’89, un hecho objetivamente insignificante en mi vida, el Campeonato Alto Nono nunca hubiese existido, como así tampoco ninguna de las relaciones estables fundamentales que se crearon a partir de él... ¿No es increíble?

CAN: Luego de 4 horas, vamos terminando: ¿qué te dejó el CAN?
MOV: Uf... qué sé yo... por dónde empiezo. Mirá en un momento de mi vida acudí al diván y le encontré respuestas y justificaciones a casi todo lo que hice o no hice en mi vida, salvo una sola cosa: el Campeonato. El bochólogo me preguntó en una de las primeras sesiones: “cuáles son las cosas que hiciste en tu vida que te hicieron sentir más orgulloso”. Dije cuatro cosas y una fue el Campeonato. Y lo elegí porque pese a haber sido un hobby (y por ello la menos importantes de las cuatro), por otro lado de todas las cosas que hice es la que más me trascendió, la que tuvo efectos mucho más allá de mi propia vida; las otras cosas quedaban más en mí y en mi familia. Eso sí, lo que nunca entendí es por qué razón me metí con tanta pasión a hacer una cosa que al fin y al cabo no me apasionaba. Es decir, siempre me gustó organizar lo que fuera, pero... ¿el fútbol?... hasta ahí. Mi deporte de toda la vida siempre fue el squash, era lo que jugué desde los 13 años en forma ininterrumpida, 3, 4 o más veces por semana hasta el día de hoy. El fútbol, la verdad lo jugaba con los del ANFC porque ahí jugaban mis amigos el “Negro” González Bueno (nos conocemos desde jardín de infantes), Pancho Macías (de la facultad), Pablo Durán, el Tano Moncayo (los dos de Nono) y luego Pepe Coll, Johnnie Zajdman y Gustavo di Luzio que los conocí por el equipo. Pero el día que la mayoría de mis amigos dejaron de jugar, colgué los botines. ¿De dónde tanta pasión para organizar un torneo de fútbol? ¿Para qué tanto sacrificio? Qué se yo... Nunca encontré la respuesta. Fue una vocación inesperada. Y creo que al Negro, a Pepe, a José y a Daniel les debe haber pasado lo mismo. Ninguno de nosotros era “tan” futbolero. Y te diría que aprendí y me dejó un montón de cosas. Aprendí a que hay gente que tiene su escala de valores realmente trastocada (risas): no te exagero si te digo que hay más de un 10% de jugadores que le dan más importancia al Campeonato que a su laburo y su novia juntos. ¡Pero sin duda! El problema es que vos no siempre sabés quiénes son esos jugadores por lo cual con todos tenés que tratar como si la suspensión por expulsión fuera el no pago del próximo bonus y con aquellos que decidís echar del torneo es como si fueras la novia que le está diciendo “lo nuestro no va más” después de 5 años de relación. No te exagero. Con lo cual los 10 años de organizador nos sirvió como 10 cursos de negociación de Harvard.

CAN: ¿Algo más aprendiste?
MOV: Aprendí también que el fútbol es una actividad que, aunque ocupa sólo una parte muy reducida de tu semana, te muestra de cuerpo entero cómo sos en la vida (lo que quizás no sucede tanto con otros deportes). Antes me creía aquello de “no sé qué le pasó a Fulano cuando le pegó esa flor de trompada al contrario (o, peor, al referi), se transformó porque afuera de la cancha, en su vida, es un tipo muy tranquilo”. ¿Sabés qué? Eso, por lo general, no existe. Con el tiempo nos fuimos enterando que aquel que había causado esta o aquella gresca, años después terminó con su mujer o con su jefe a los golpes. El que es capaz de pegar una trompada a alguien adelante de 22 tipos es mucho más capaz de hacer lo mismo entre 4 paredes, en la intimidad. Aquel que nos truchaba la planilla o que nos mentía diciendo que el expulsado no había sido el 5 sino el 8, después apareció en la vida profesional envuelto en algún caso turbio o haciendo alguna truchada. Del mismo modo, los tipos que te hacían un reclamo muy razonable y te lo defendían con uñas y dientes (en general, estudiantes de derecho en aquella época), después me los crucé en la vida profesional como excelentes abogados. Y aquel que te ponía la piel de gallina por cómo se ponía su equipo al hombro cuando iban perdiendo, alentando a sus compañeros y dando vuelta el resultado, te preguntabas cómo sería en el trabajo y hoy te los encontrás al frente de alguna empresa como CEO o CFO. De los jugadores que vi jugar más de 50 partidos en aquellos primeros años del CAN (es decir, la mayoría) no hay nada de lo bueno ni de lo malo que me haya enterado después que me haya llamado la atención. En la cancha de fútbol se ve cómo sos en la cancha de la vida. Por otra parte, me dejó un montón no digo de “amigos” pero sí de muy buenos conocidos, de gente con la que sentís una fuerte afinidad aunque la veas una vez cada tanto. Tipos como Sebas Zajdman o Miguel Devoto, Trevor Jacobs, Richard Escudero, Marcos Blaquier, Pancho Galarza, Pablo Bianchi o Fer Moroni, los Yofre, Miguel Espinoza, Picho Gimenez de Paz, Moe Gentile... (y por cada uno que nombro hay diez que me olvido que me van a insultar)... son todos tipos que si me encuentro en una fiesta o reunión después de 5 años sin verlos nos podemos quedar 3 horas recordando aquellas épocas o hablando de la vida. Difícilmente pasa un trimestre sin que en alguna reunión de laburo, en algún casamiento o en algún cumpleaños no me cruce con alguien del torneo.

CAN: Última pregunta: y al revés ¿qué pensás que aquellos fundadores del CAN le dejaron al Campeonato?
MOV: Creo que lo mejor que le dejamos fueron los sistemas y el espíritu. Dejamos establecido un sistema de torneo bien concreto que está plasmado en el Reglamento y en todas las tradiciones del torneo –como antes la No News y hoy el web site- que se fueron pasando de generación en generación de organizadores y veedores. Cuando fundamos el CAN no había reglamentos, no había tablas fair play, no había reglas contra la impuntualidad, no había fallos del tribunal de disciplina escritos, no había veedores, no había informes enviados a los capitanes entre semana (o desde que se inventó el email y luego la página web, a todos por igual), no había fiestas de entrega de premios, ni qué hablar de una No-News, ni de exigir jugar todos con remeras iguales y con número; sólo había una pelota, un referi y en el mejor de los casos una copita entregada el último partido. Hoy no existe un campeonato de fútbol que no tenga casi todos aquellos elementos. Imaginate, un torneo que te llama y te dice acá está la pelota, andá a jugar. No existe, te das media vuelta y te vas a un torneo que sí te ofrezca aquellas condiciones porque hoy son estándar. Y creo que los que fundamos el CAN creamos un sistema de organizar torneos amateur que antes no existía y que fue imitado o por gente que jugó el torneo (caso Northchamp y todos los que a su vez los imitaron) o por torneos que eran dirigidos por OMA y que se enteraban de cuestiones organizativas a través de ellos. La prueba de la importancia de todos esos sistemas es que el CAN nos ha trascendido a todos los organizadores fundadores. Ninguno de los 7 fundadores está hoy en la organización del CAN y sin embargo de la mano de Daniel Coll y Martin Bobes y sus colaboradores siguen las mismas bases y principios, la misma seriedad, las mismas pilas, la misma cordialidad, el mismo clima de camaradería, la misma pasión, etc. por supuesto adaptado a los nuevos tiempos y ondas, pero en esencia sigue siendo el mismo. Y hay un último elemento que siempre acompaña los éxitos y es la suerte. La suerte que firmamos nuestro primer contrato en dólares con el Don Bosco y podría habernos ido muy mal, pero el dólar se planchó inmediatamente; la suerte que cada vez que nos quedábamos sin cancha, aparecía justo una mejor de la mano de los Gassiebayle o de Fer Moroni; la suerte de que cada vez que se iba un organizador aparecía otro de igual nivel. Pero alguna vez leí que la suerte como tal no existe y que en realidad “la suerte es donde la preparación se junta con la oportunidad”. Para terminar, un elemento que no lo hemos dado nosotros sino que lo hemos recibido y es la excelente onda que siempre han tenido los equipos, los capitanes y los jugadores para con los organizadores. Será por aquello que uno recibe lo que da y da lo que recibe, pero siempre valoramos la excelente onda de los equipos para con nosotros. Pensar que el CAN está cumpliendo 20 años desde su fundación y que hay muchísimos de aquella época que jugaron 10, 15 años o aún siguen jugando, sintiéndose con derecho a sentirlo tan propio o más que quienes lo fundamos. Y que seguramente sentirán tanta nostalgia y emoción a la hora de leer este reportaje como la que yo sentí en este momento, contándote todo esto. ¡Salud Campeonato Alto Nono! ¡Felices 20 años!

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